
Implicaciones
Médicas y Análisis:
Rechazo de Alimentos en Niños: Visión
General de un Trastorno Creciente
Estadísticas recientes (fuente)
han revelado que uno de cada cuatro niños padece
algún trastorno relacionado con la alimentación.
El rechazo a los alimentos puede ir dirigido hacia unos
alimentos concretos, o adoptar la forma de dependencia
de las sondas G o NG, del biberón, aversión
a ciertas texturas, o una pobre ingesta generalizada
por vía oral.
Los médicos nutricionistas, pediatras, logopedas,
terapeutas ocupacionales y terapeutas conductuales trabajan
de diversas formas para encontrar solución a
este trastorno creciente. Los terapeutas conductuales
estructuran el entorno y las consecuencias obtenidas
durante las tomas para promover hábitos de alimentación
saludables.
De todos los enfoques, las estrategias conductuales
han demostrado ser las más efectivas, pues puede
lograrse un progreso considerable en un periodo de entre
4-6 semanas. Lamentablemente, la mayoría de las
clínicas que aplican terapias conductuales, como
el Kennedy Krieger Institute (Baltimore), el Marcus
Institute (Atlanta), y el Children’s Hospital
of Pennsylvania (New Jersey), se encuentran en la Costa
Este.
Si bien la mayoría de los trastornos de la alimentación
tienen un tratamiento sencillo, existen numerosas complicaciones
médicas que obstaculizan las posibilidades del
mismo. Por ello, todo niño que presente un trastorno
de alimentación debe ser examinado cuidadosamente
por un médico para determinar si es totalmente
seguro que ingiera alimentos antes de comenzar el tratamiento.
Estas evaluaciones se realizan, tanto para garantizar
la seguridad del niño, como para optimizar los
resultados del tratamiento.
Las enfermedades más comunes que interfieren
en el tratamiento de estos trastornos son reflujo, alergias,
aspiración y dificultades de motilidad (explicados
seguidamente). Estas enfermedades suelen curarse por
medio de medicación, cirugía o tratamientos
especiales.
En el caso del reflujo, normalmente se prescribe medicación.
En los casos más graves, se realiza una operación
quirúrgica denominada Funduplicatura de Nissen.
Consiste en el desplazamiento del estómago, lo
que estrecha la abertura de este órgano. Esta
técnica aumenta las probabilidades de ingerir
alimentos sin sufrir reflujo o vómitos.
Las pruebas de alergia son fundamentales porque, si
un niño ingiere un alimento al que es alérgico,
pueden formarse lesiones o irritaciones en el tracto
GI, lo que puede convertir la actividad de comer en
una experiencia verdaderamente dolorosa. Existen diversos
métodos para realizar las pruebas de alergia.
Hable con su pediatra para que le recomiende cuál
es el más indicado para su hijo.
La aspiración ocurre cuando entran líquidos
en los pulmones. La causa es que un ligamento que permite
el paso a los pulmones, y que normalmente está
cerrado durante la deglución, permanece abierto.
Puede resultar peligroso, ya que el líquido en
los pulmones podría provocar una neumonía.
El logopeda o el terapeuta ocupacional pueden determinar
si se produce aspiración y la consistencia que
debe tener el alimento para reducir la probabilidad
de que esto ocurra.
Finalmente, los problemas de motilidad ocasionan que
los alimentos no pasen a través del tracto gastrointestinal
al ritmo adecuado. Esto puede provocar que la comida
permanezca en el estómago demasiado tiempo, llenándolo
en exceso y ocasionando vómitos, dolor y estreñimiento.
Puede tratarse con medicamentos, como Reglan, o eritromicina.
Pruebas que normalmente deben realizarse antes de decidir
el tratamiento para incrementar la ingesta oral de alimentos
y bebidas de su hijo:
1. Pruebas de alergia
2. Endoscopia gastrointestinal superior
3. Estudio de deglución
4. Estudio de vaciado gástrico
5. Endoscopia
|